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sábado, 12 de marzo de 2016
INDIE JUST TO EAT
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martes, 12 de noviembre de 2013
Chiptune music, el electro vintage
No cuesta tiempo ni trabajo, decían los puristas rockeros a los primeros que empezaron a usar sintetizadores en sus composiciones allá por los años 80 con el nacimiento del llamado tecnopop. Lo mismo se dice hoy de los pinchadiscos que ya no pinchan discos sino archivos mp3. Espero que ese amor por el trabajo y la laboriosidad en sí mismos y no por la obra artística completa y terminada no lleve a nadie a despreciar este nuevo instrumento musical en el que se han convertido las maquinitas de videojuegos.
Hay quienes usan estas melodías de 8 bits simples y metálicas de su infancia como una técnica al estilo pictórico. Se puede hacer al óleo un cuadro cubista o uno figurativo, y con los sonidos de cacharritos, ya de coleccionista, como las Game Boy, los Spectrum o los sintetizadores caseros, realizar piezas musicales punk o pop pasando por el mamarrachismo más descarado. Este es el caso de los indies Bondage Fairies o Triceratopolis, los post punks Cristal Castles, los rockeros-folk Pornophonique o los irreverentes, y tristemente desaparecidos, Focomelos. A todos estos creadores les une la nostalgia por los rudimentarios sonidos de los juegos electrónicos de su infancia.
Sin embargo hay para quienes esta veneración por las maquinitas les lleva a abordar todo el universo estético de los videojuegos y lo extienden también al montaje escénico de sus conciertos. Tuve el placer de asistir a una pequeña exhibición de los españoles Super Busty Samurai Monkey en la que no solo disfruté de un trepidante y energético ritmo punk sino de la contemplación de unos llamativos juegos visuales de luces y proyecciones. La contemplación misma de la Game Boy, con la que uno de sus componentes interpretaba, formó parte de mi experiencia estética.
En torno a estas mínimas composiciones enlatadas se ha conformado el movimiento chiptune que cuenta con su propio festival desde 2006. 8bitpeoples, sello discográfico neoyorkino fundado en 1999 y enfocado en la estética de los 8bits, organiza el Blip Festival en el que se incorporan exhibiciones de video, talleres y performances alrededor de este mundo de vintage tecnológico. Nueva York, Tokio, Melbourne y Aalborg (Dinamarca) han acogido las siete ediciones con las que de momento ha contado este festival. En el documental Reformat the planet se muestra todo lo que se mueve alrededor de este movimiento geek.
Está por ver si esta corriente alcanza o no el estatus de género musical que solo dan los años, o si queda relegado al anecdotario freak. Pero eso es lo de menos para unas creaciones cuyo germen es el juego. Nadie espera más que la recompensa de la diversión cuando enciende una videoconsola.
Originalmente publicado en El Blister
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miércoles, 1 de mayo de 2013
Hijos de un pasado futurista
Parece que el público se ha resignado a la creencia de que la efervescencia creativa y musical española tuvo la existencia de una bengala en los 80 y a partir de ahí se impuso la homogeneidad. La tendencia es añorar y revisitar continuamente el pasado porque el presente resulta insustancial hasta para quien lo consume. Me asalta la duda de si en realidad no existe la innovación en las tendencias estéticas o si esa innovación queda sepultada por la vulgaridad de lo fácilmente digerible por ya masticado. Quizá sea la escasa paciencia de la cultura del beneficio rápido la que no da a la creatividad el espacio y el tiempo necesarios para ser admitidos como dignos de entrar en el mercado lo que impone que los sonidos facilones sea los que mas ingresos generan. Cualquier tiempo pasado fue anterior y me resisto a creer que hay un desierto de creatividad y frescura en las artes escénicas, musicales o plásticas, creo que están simplemente silenciadas por la marabunta de copias de lo que ha funcionado en el pasado más inmediato.
Con esto no quiero decir que rechace toda inspiración en lo ya creado o que no se puedan retomar técnicas inventadas. No hace mucho estuve en un concierto de Super Busty Samuray Monkey, formación musical que crea en 8 bits, es decir basada la tecnología de los primeros ordenadores y consolas de videojuegos. Esos son sus instrumentos para crear algo entre el punk y la electrónica sin pertenecer por completo a ninguno de ellos. Música de vanguardia con métodos rudimentarios, no muy diferente a la idea de los vanguardistas de principios del siglo XX que volvían a las formas simples y esquemáticas de las pinturas primitivas y dejaban atrás la figuración propia de sus inmediatos antecesores. Quizá nuestras pinturas rupestres en este caso sean las primeras consolas de videojuegos con sus colores eléctricos, sus sencillos sonidos metálicos y su universo pixelado.
Con esto no quiero decir que rechace toda inspiración en lo ya creado o que no se puedan retomar técnicas inventadas. No hace mucho estuve en un concierto de Super Busty Samuray Monkey, formación musical que crea en 8 bits, es decir basada la tecnología de los primeros ordenadores y consolas de videojuegos. Esos son sus instrumentos para crear algo entre el punk y la electrónica sin pertenecer por completo a ninguno de ellos. Música de vanguardia con métodos rudimentarios, no muy diferente a la idea de los vanguardistas de principios del siglo XX que volvían a las formas simples y esquemáticas de las pinturas primitivas y dejaban atrás la figuración propia de sus inmediatos antecesores. Quizá nuestras pinturas rupestres en este caso sean las primeras consolas de videojuegos con sus colores eléctricos, sus sencillos sonidos metálicos y su universo pixelado.
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